
Resumen de una charla magistral de José Antonio Fernández
Bravo, maestro español.
Es imprescindible
escuchar para educar.
Los maestros dedican gran parte de su vida a hacer coincidir
su mirada con la mirada de los niños, sin tener en cuenta que en el afán de
querer que los estudiantes aprendan descuidamos la capacidad de razonamiento
que ellos tienen. Los niños ven el mundo de una manera distinta a lo que ven
los adultos, esto es conocido. Y si crecen sin personas que los inspiren y los
hagan ver el mundo diferente, ellos también cometerán los mismos errores que
queremos que no cometan. Si en la vida se pierde la dirección es porque no se
sigue a nadie ni a nada.
Evolucionar significa cambiar de equivocación, porque te das
cuenta que las ideas que tenías y creías que eran perfectas, ahora ya no son
tan perfectas. Los niños se acercan más a ti cuando les haces reír. Se puede
aprender del llorar y por eso es bueno dedicarles tiempo en hacerles sonreír. Las
equivocaciones para los niños son oportunidades para cambiar y aprender. No se
debe reprender una equivocación razonable, pues se les claustraría la
oportunidad de ser creativos.

Qué es la educación
La mejor clase preparada es aquella que te permite abandonar
aquello que precisamente se había preparado. No enseñamos lo que sabemos,
enseñamos lo que somos. La educación es hacer la vida más agradable a los
demás. Si somos educados nos podemos llevar bien y en armonía. La educación nos
hace más listos y nos hace mejores personas. Mientras más conoces más sabes y
ese saber, por lo general, está copado de conceptos, es verdad que los
conceptos nos permiten mirar objetivamente, pero también necesitamos saber
sentir, saber estar, saber comprender.
La educación debe cambiar de aprender a aprender por
aprender a saber. Las asignaturas no son fines en sí mismos, sino medios a
partir de los cuales se desarrolla la persona. Saber más y con ese saber será
mejor persona. Saber más y reconocer a las demás personas como iguales es poner
en práctica lo aprendido, lo sabido. Se debe enseñar vida en las asignaturas.
Qué es ser buen
profesor
Es aquella persona que ama lo que hace, amando a aquel al que
dirige lo que hace, que permite que sus estudiantes crean en sí mismo y que
busca para el aprendizaje caminos más bellos y sencillos. Un buen profesor es
el que pone delante al niño y cree en él. También tiene la capacidad de enseñar
desde el cerebro del que aprende. Esta habilidad se la consigue escuchando a
los niños. La misión del profesor es enseñar y enseñar vida, no solo producir
conceptos, pues sería aprender teoría y sacar sobresaliente en la materia se
convertiría en algo mecánico.
Un buen aprendizaje es lo que recibes de lo que haces, es
decir, lo que pones en práctica y con quién lo compartes. El resultado de lo
aprendido es la alegría de compartirlo. El maestro que ama empieza la clase
cuando despierta en sus alumnos la necesidad de participar y no cuando suena el
timbre. Termina la clase cuando se despierta la curiosidad del niño y se le
dice que en la próxima clase se continuará la materia, y no cuando termina el
timbre.
No podemos aplicar lo diferente cuando aplaudimos lo
cotidiano. Muchas veces se cree que los niños no razonan, y se lo hace porque
se desconocemos las causas por las cuales se expresan. El humano razona de
acuerdo a los contextos en lo que se desarrolla. Las respuestas deben ser
variadas para generar conceptos, imaginar respuestas que jamás se hubiese
podido sospechar es generar conocimiento. Enseñar desde el cerebro del que
aprende, como ya se lo ha mencionado es aprender a adaptar la mirada desde el
cerebro del que mira.
Escuchar es preguntarse por qué dicen lo que dicen y por qué
hacen lo que hacen. No existe método de enseñanza superior a la capacidad de aprendizaje
de la mente humana. Cuando el método de enseñanza falla y no llega a producir
el aprendizaje deseado, no es que tiene dificultades el niño en aprender, sino
que se debe replantear el método utilizado.

Consejos para futuros
docentes:
- Enseñar a pensar juntos más que pensar separados.
- El título nos dice que lo que hemos estudiado pero no nos dice lo que somos.
- Ayudar a comprender a aquellos que aprenden, no todo es difícil, sino es diferente.
- Aprendan a conocer las cosas y no solo sus nombres.
- Grande es dotar de comprensión, debemos distinguir mucho el procedimiento del objetivo. El objetivo no suele cambiar mucho, pero sí los procedimientos, todos tienen fechas de caducidad.
- Provocar sonrisas en el que aprende.
- Despertar la curiosidad, la creatividad y desarrollarla.
- Lograr que crean en sí mismos.
- Permitir que participen en el mundo utilizando el: empeño, la claridad, el trabajo y el amor.
Curiosidad
La curiosidad empieza desde el profesor que debe preguntarse
qué es lo que aprenden de él y que ni siquiera se sospecha, pero son lecciones
que los estudiantes se llevan a casa. Es importante observar a los estudiantes
y comprenderlos. La habilidad de observar empieza por respetar la mirada del
otro y canalizarla en lo que se quiere aprender. La observación queda anulada
cuando el profesor pregunta algo y los condiciona a que respondan lo que él quiere
que respondan, poniendo en una posición incrédula al estudiante que intenta
adivinar lo que el profesor quiere que responda.
La primera respuesta que el niño da es a base de
razonamiento, la segunda respuesta es a base de adivinación y se pierde el
razonamiento y la confianza en sí mismos. Lo grande de un maestro es enseñar a aquel
que da lo que tiene y no elige a quién enseñar.